Salí de madrugada con el alma en prenda, esperando no resumir en un suspiro el anhelo que me aguardaba al doblar la esquina. ¿Qué haces cuando debes apostar por un vacío? Pensé que, de tener que hacerlo, preferiría dirigir mis fuerzas hacia el que se abre tras la mancha que esconde la nostalgia. Pero como no era mi turno de escoger, solo restaba avanzar hasta ese límite definido: la esquina que dobla los mundos. Ahí la nostalgia quedaría atrás, perdida en un Lar lejano, en algo que se quedó en el pasado. Hoy, su vigencia basta para mover el alma, la esencia y el espíritu; para decidir… o mejor: para urgir el paso hacia la esquina. Mientras recorría los primeros metros, el cielo se arqueó profundamente, encogiendo la distancia. Me detuve para mirar cómo el mundo se perfilaba en un abrir y cerrar de ojos que destina naderías al infinito: yo, parado en medio de un inmenso arco celeste, listo para lanzarme sin freno hacia las orlas que Dios le puso a la existencia. Me pregunto entonc...
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