Nocherio I
28 abril
Hay preguntas que subsisten. Pasa el tiempo y la inteligencia no logra encontrar una respuesta satisfactoria. Como aquella vez en que me desperté con la urgencia de saber qué había pasado con el sueño que tuve de niño y que perdí sin darme cuenta; simplemente, ya no estaba conmigo. Por más que me esforcé en recordar, pensar y establecer asociaciones, no pude encontrar una respuesta que satisficiera mi curiosidad sobre el origen y las causas de mis pérdidas. "Quizás solo dejé de ser niño", me dije a mí mismo. Dejar atrás la ingenuidad nos despierta un apetito voraz por aquello que primero perdemos sin notarlo y luego extrañamos sin saberlo. Así de crudo, así de absoluto.
Esa hambre por lo que un día soñamos y dejamos de buscar se guarda y sobrevive en nosotros al paso de los años, convertida en una sed hecha de añoranzas. Por eso, un día, al amanecer, uno se pregunta por qué los días tienen, a veces, este sabor a talco y metal en los pies. Pero no importa; las inquietudes permanecen allí, con ánimo soporífero y una disposición inamovible ante el mutismo de los objetos del mundo, que nos miran de espaldas ante cada pregunta que les lanzamos a boca de jarro.
Entonces ocurre que, en un día algo más ácido y benévolo, llega la poesía y reestructura el mundo. Nos lo rearma. Lo reensambla, lo expande y le ajusta leyes rotas, renovadas, INÉDITAS; haciéndolo fluir como una mota de polvo en canales deslumbrantes. Es como la nodriza de una luna nueva, llena de anhelos —al estilo de aquella pintura de Remedios Varo—, y sucede entonces que el apetito se apacigua, calmado por el paso aligerado y ventisquero de los dedos de una musa diáfana y sin nombre.
Y de esa manera estamos aquí: exprimiendo plumas para deshilarle una letra más al tintero, o acorralando el teclado para rebotar las palabras tecla a tecla en la pantalla. Pariendo con la urgencia de un poeta maldito que ve llegar el amanecer y observa, con terror, que la luna sigue sin dormir, sin crecer y sin diferenciar el hueco de una cuchara de la curvatura de un corazón solitario.