Sobre el agnosticismo


 

Respecto al agnosticismo, lo considero una postura intelectualmente más honesta que cualquier definición dogmática. La razón es simple: ¿puede lo limitado contener o comprender lo ilimitado? Es una paradoja pretender que una mente con sus evidentes deficiencias concluya, de manera inequívoca, si Dios existe o no; cualquier aserción sobre lo absoluto requiere de una capacidad que, por ahora, escapa a nuestra comprensión.

Soy partidario de un agnosticismo moderado. Con esto quiero decir que reconozco cómo la creencia en lo divino mitiga la angustia existencial y, por tanto, valoro la permanencia de la fe. Prefiero que una creencia inocua persista en el corazón humano antes que su ausencia. Ciertamente, se me objetará que la historia muestra que las religiones han sido, en muchos casos, devastadoras; argumento con el que consiento, siempre que se haga una distinción clara entre religión, iglesia y creencia personal. Una cosa es la fe en una entidad superior y otra, muy distinta, es pretender que dicha entidad intervenga en los asuntos humanos o dicte comportamientos específicos.

Los argumentos para "demostrar" la existencia de Dios tienen siempre su contraparte para probar su inexistencia. En el fondo, el sustento de la existencia divina suele remitir al problema del Bien y del Mal, o bien, al origen de la moral. Si existiera una dirección moral, un camino de perfeccionamiento natural, podríamos suponer que hacia allá apunta lo divino. Sin embargo, la evidencia sugiere que la respuesta no proviene de un exterior metafísico: la evolución de los seres vivos nos sitúa, hasta el momento, en una posición de predominio, y es evidente que el ser humano no constituye un modelo de perfección.

Critico constantemente en las manifestaciones religiosas —en el sentido original de la palabra— aquella tendencia a remitir la idea de Dios exclusivamente a la belleza o a la experiencia visual, olvidando el papel de la inteligencia.

Por otro lado, atribuir un "yo" a Dios es una argucia intelectual. No podríamos asignar individualidad a lo divino sin incurrir en las contradicciones del panteísmo. Dios no diría "yo" como lo hace un hombre, del mismo modo que no esperaríamos que una célula, en el supuesto de que hablara, poseyera una noción de sí misma. La autoconciencia —la posesión mental que surge al decir "yo", que implica irrepetibilidad e individuo— es, inequívocamente, un atributo ausente en la divinidad. Si Dios existe, posee atributos inefables, que no pueden ser formulados a partir de nuestras limitaciones humanas. La infinitud no dice "yo".

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nocherio I

El Viajero

El guardián del vuelo